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Textos históricos sobre la Vega de Granada

Correos de la Vega (www.otragranada.org), 03/02/09. Juan Antonio García López.

Ahmad al-Razí historiador árabe del siglo X, describe Medinat Ilbira, también llamada Qastiliya (capital de la cora de Ilbira), comparándola con Damasco, del siguiente modo: «Qastiliya es la capital del distrito de Elvira y su territorio no tiene paralelo en el mundo por su fertilidad y excelencia, salvo el de la Guta de Damasco».
 
Posteriormente, otros historiadores y geógrafos árabes destacan en sus descripciones la abundancia de agua y arbolado con que cuenta esta rica tierra de la Vega de Granada.
 
Por el siglo XI, Ahmad al_’Udri , historiador almeriense, conocedor de la zona, describe la cora de Ilbira: «Está constituida por una zona central eminentemente agrícola, con la Vega como máximo exponente, rodeada por tierras de explotación ganadera. Está la vega muy poblada, y en su centro se encuentran las ciudades de Ilbira y Garnata» (siendo esta última una aldea fortificada con población mayoritariamente judía).
 
Los autores de la época ensalzan sus excelentes frutos: cereales, viñedos, almendros, higueras, granados, árboles frutales, moreras y todo tipo de hortalizas.
 
En el reinado de Yusuf I, Ibn al-Jatib -nacido en Loja- fue poeta, cronista oficial y, a la vez, primer ministro. Refiriéndose a la Vega granadina dice: «En estos vastos terrenos en explotación, que son lo más selecto y primoroso de la agricultura y que constituyen la quintaesencia de este excelente lugar, se intercala el resto de las arquerías y de las tierra que poseen los súbditos. Contiguo a los límites de lo referido, hay un territorio extenso y pobladas alquerías. Unas son lugares en los que se vive a gusto y prósperos, donde miles de personas participan de lo que en ellos hay en los que son numerosas las suertes o lotes de terreno».
 
En otro escrito del mismo Ibn al-Jatib dice: «Los habitantes de Granada disponen en su Vega y demás, de frutos abundantes. La producción de uva es un mar por la sobreabundancia de sus viñedos. Los frutos secos son abundantes, a lo largo del año –las uvas se conservan sin daño alguno durante ocho meses- tales como higos, uvas pasas, manzanas, granadas, castañas, bellotas, nueces, almendras y otros de los que sólo se interrumpe su cosecha en una estación al año, durante la cual se privan de comerlas».
 
De acuerdo con la tradición coránica, el agua, la hierba y el fuego no podían ser objeto de apropiación privada. El riego estaba organizado de acuerdo con las circunstancias particulares de cada territorio, número de demandantes y medios de circulación del agua.  Así se transmitían los derechos sobre ésta con ocasión de una compra-venta, en una relación de propiedades adquiridas en La Vega de Granada,  después de la conquista:
«Quando el agua fuere a Palicros tiene su merced
a cada veinte días una noche o un día.
Quando fuere el agua a Ydrabo, cada mes y diez días
tiene una noche.
El agua de la huerta es dos veces en el mes, cada
vez desde el alva hasta medio día».